En la esquina de Luis María Campos y José Hernández, por ejemplo, se construyó en 1907 el Palacio de los Leones, una excentricidad de un italiano muy rico que estafó a mucha gente con falsas jubilaciones antes de que existiera un sistema de retiro.
El Palacio de los Leones era una fantasía medieval, rodeada de jardines y un pórtico con dos leones, de ahí el nombre del castillo.
Cuando el italiano desapareció tras la estafa, la mansión fue subastada y la adquirió el Dr. Teófilo Lacroze, hijo de Federico. Los Lacroze la abandonaron enseguida, y la tapiaron. Allí comenzaron los rumores de quejidos y ruidos extraños, chistidos al pasar y una mucama vestida de celeste que se asomaba por entre la vegetación casi selvática que había invadido el parque. Empezó a correr el rumor de que había muerto uno de los serenos y entonces ni siquiera los policías se atrevían a vigilar. El castillo fue demolido, pero aún hoy, de noche, los porteños evitan pasar por allí.

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