Una historia de amor y tragedia que gira en torno de la iglesia de Santa Felicitas, ubicada en Barracas. Felicitas Guerrero de Álzaga, quien a mediados del siglo XIX sólo tenía 15 años, se casó con Martín de Álzaga, un rico hacendado de edad avanzada que murió 11 años más tarde.
Con sólo 26 años, heredó una gran fortuna, la que, sumada a su belleza, le trajo a numerosos pretendientes. Los principales fueron Enrique Ocampo y el estanciero Sáenz Valiente, quien finalmente fue elegido por la joven.
Sin embargo, esto generó la ira de Ocampo, quien luego de discutir con Felicitas la asesinó de dos balazos el 30 de enero de 1872.
Tras la tragedia, la familia de la joven construyó la iglesia en honor a la joven. Y la leyenda dice que cada 30 de enero por la noche, el fantasma de Felicitas con un vestido blanco, llora de dolor entre las rejas del templo.

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